Como titular del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos, órgano constitucional del Estado, expreso nuestro reconocimiento permanente a los maestros y maestras por la gran labor social que desempeñan en el devenir histórico  de Honduras.

No obstante ese mérito y esos esfuerzos, las distintas generaciones que nos hemos sucedido, no hemos podido aún lograr el funcionamiento de la sociedad y del Estado en orden a hacer real su principal deber de servir equitativamente a los habitantes; para que todos, sin discriminación, actuemos solidariamente como pueblo, vivamos dignamente y con iguales  oportunidades de progreso social.

Por ello, debemos atender y superar ciertamente lo negativo de actitudes y comportamientos que, desde hace muchas décadas del anterior y presente siglos, tienden a imponerse y que han conducido a la injusta e incierta situación que, como pueblo, hoy vivimos; y frente a la cual todos reconocemos la necesidad de transformar y afirmar el sentido de la educación nacional y, con ello, de la sociedad y del Estado.

En esa dirección, debemos promover y fomentar la cultura democrática y educación en derechos humanos como derecho de empoderamiento del valor de la dignidad humana, de la salvaguarda de la libertad y la democracia, del desarrollo sostenible de la nación e instrumento de lucha contra la pobreza .

Con ese fin, necesitamos la participación cívica activa de los maestros y maestras con una enseñanza renovada por un sistema de valores sustentado en la dignidad, igualdad y solidaridad humanas.

Llamo a los maestros y maestras a que nos unamos, cada vez más, para contribuir solidariamente a la transformación necesaria en las personas y familias que conformamos la sociedad, de donde provienen siempre quienes asumen responsabilidades adicionales superiores, de servicio al pueblo, en el Estado o en los gremios, asociaciones o entidades del sector privado o social.

Saludo fraternalmente a los maestros y maestras de nuestra patria que urge de cultura democrática y de educación, enseñanza y prácticas cotidianas en derechos humanos que hagan prevalecer la conciencia de que vivimos en un solo país; que todos somos hermanos igualmente dignos; que todos tenemos derechos humanos; y que todos tenemos el derecho de ser protegidos y respetados por  el Estado y la sociedad. Con ello, contribuiremos sustancialmente a asegurar el desarrollo sostenible para el bienestar de todas y todos, en libertad, democracia y paz.

 

Tegucigalpa, Honduras, 17 de septiembre de 2018

 

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